ESTUDIO PRELIMINAR: LAS PINTURAS RUPESTRES ESQUEMÁTICAS DE "LA ENFERMERÍA", PELAYOS DE LA PRESA (MADRID)

Autora: Carmen Jiménez Sanz
Revista: Arqueología, paleontología y etnografía. ISSN 1131-6241, Nº 3, 1992, pags.7-30

INTRODUCCION

Presentamos a continuación un avance de los estudios iniciados sobre el yacimiento de La Enfermería, a la espera de que se concluya el Inventario de Arte Rupestre de Madrid y publiquen los resultados de la Memoria oficial, que tratará de manera exhaustiva todos los enclaves conocidos. El hallazgo de los abrigos tuvo lugar durante el desarrollo de una campaña de prospección sistemática de cobertura total, efectuada en el término municipal de Pelayos de la Presa entre Noviembre y Diciembre de 1989 e incluida en el plan de Carta Arqueológica de la Comunidad *.

Iniciadas las obras de cierre y animadas por la reciente publicación del anticipo acerca de El Canto de la Cueva en Torrelodones (LUCAS, 1991), estimamos oportuno dar a conocer individualmente el yacimiento, conscientes de las limitaciones que condicionan nuestra primera aproxi­mación al análisis de las pinturas.

Su descubrimiento resultó de gran interés por constituir, en ese momento, el primer punto con manifestaciones artísticas parietales sobre granito localizado en la zona Oeste de Madrid. Las duras condiciones físicas que supone la prospección directa sobre los relieves del Sistema Central, unidas a la ausencia de tradición investigadora y a la lejanía de la capital, restaron posibilidades a la localización de nuevas estaciones que, desde 1985, están conociéndose gracias al impulso que ha cobrado el programa de Carta Arqueológica.

A partir de ahora podremos plantearnos investigaciones serias de conjunto sobre los lugares detectados y fijar objetivos más ambiciosos que los alcanzados desde estudios parciales de interpretación reducida.

* Trabajo realizado por R. Escobar, C. Jiménez, C. Liesau y A. Martín, firmantes del Informe que, acerca del yacimiento, se presentó en la Sección de Arqueología de la Dirección General de Patrimonio Cultural (26-abril-1990).

LOCALIZACION DEL YACIMIENTO

El estudio de yacimientos con manifestaciones artísticas parietales postpaleolíticas exige como requisito previo la división de la Península Ibérica siguiendo criterios geográficos (CARRASCO; PASTOR, 1983: 176), (ACOSTA, 1983: 25), (VV.AA, 1984: 7). Según esto, La Enfermería queda encuadrado en la cuenca derecha del área del Tajo, dentro de la zona Alberche-Jarama (SECARES, 1983: 138, 139, 144). (Figura 1.)
Pelayos de la Presa pertenece a la comarca Suroccidental (así denominada por el Ministerio de Agricultura en 1977), con centro administrativo en San Martín de Valdeiglesias.

MARCO GEOGRÁFICO

El conjunto está inmerso en las estribaciones del Sistema Central, concretamente, entre el sector SW de la sierra de Guadarrama y el NE de la de Gredos. Predomina, por tanto, un paisaje abrupto .cuya altitud media es de 750 m. sobre el nivel del mar, que debe su aspecto irregular a la proliferación de encajamientos fluviales y cerros.

 
Fig.1: Localización del yacimiento  

El gran modelador del paisaje es el río Alberche, que accede a la provincia de Madrid por la zona de relieve suave que separa Guadarrama y Gredos, se encaja en la zona de embalses (El Burgillo, Charco del Cura y San Juan) y sale de la depresión por las .gargantas de Las Picadas, labradas sobre material metamórfico (Cámbrico), mientras que el resto del macizo lo hace sobre granitoides (VV.AA, 1987: 59).

El clima mediterráneo, subtipo continental con inviernos fríos y ve­ranos cálidos, con mayor pluviosidad que en otras comarcas del Sur y los suelos, predominantemente cambisoles dístricos (antiguas tierras pardas subhúmedas meridionales), orientan las actividades económicas hacia usos forestales en las zonas más accidentadas y a pastizales y cultivos (viñedo, almendro, olivar) en las de relieve menos abrupto, que no soportarían una agricultura extensiva.

Los suelos arenosos del piso mediterráneo permiten plantaciones de diversas variedades de pino, en un área con vegetación potencial de encimares acidófilos carpetanos (VV.AA, 1987:157-172).

La actividad económica de cada momento se ha visto condicionada, también en este valle, por la configuración topográfica, la erosión y la tradición de usos del suelo. El paisaje natural ha acusado recientes modificaciones en su vegetación arbórea (deforestación), debido a la especulación de terrenos para la edificación de viviendas, sin planificación previa ni valoración de impacto ecológico (VV. AA, 1987: 147).

Participando del entorno, el yacimiento de La Enfermería forma parte de un macizo granítico con una cota en abrigo de 675 m. sobre el nivel del mar. Se compone de grandes moles facturadas y caídas, debido a procesos erosivos y a la atracción de bloques al vacío.

Esta dinámica ha dejado libres numerosas galerías y oquedades susceptibles de utilizarse como refugio, que suscitaron nuestro interés en la fase de prospección directa.

La vegetación circundante es de monte alto (pino piñonero con sotobosque de retama, jara y tomillo, entre otros) sobre un suelo de granito gris en descomposición.

Su emplazamiento sigue la tendencia de numerosas estaciones postpaleolíticas, ubicadas en la ladera Sur de un monte, próximas a puntos de agua aprovechables y a cauces que actúan como elementos de relación al servir de paso natural entre unidades de relieve.

Tal situación y orientación le proporciona una óptima visibilidad sobre el valle que domina y ofrece unas condiciones potencialmente favorables al abastecimiento de recursos naturales en actividades económicas diversas (BECARES, 1983: 139-140).

 MORFOLOGIA DEL ENCLAVE

El yacimiento al aire libre de La Enfermería se compone de dos abrigos, cuyos flancos oblicuos han sido utilizados como soporte pictórico sin que, por el momento, se sospeche la existencia de motivos plasmados en el suelo, muy erosionado debido a los agentes atmosféricos y, particularmente, a las filtraciones estacionales y presencia humana.

Ambos, orientados al Mediodía, de pequeñas-medianas dimensiones y escasa superficie para desenvolverse en cualquier tipo de actividad (BE­CARES, 1983: 140) se abren al valle de Valdeiglesias, erigiéndose a unos 24 m. sobre la cota general en ese sector de ladera (Fig. 2).
Fig.2: Vista general del yacimiento  
El primer abrigo se abre hacia el Sur y la cornisa que lo delimita tiene unas dimensiones de 10,5 m. de longitud, 3,6 m. de fondo y 1,8 m. de altura en el punto máximo de abertura (Fig. 3). 
Fig.3: Perfil del abrigo nº1
El segundo, orientado al SW, dista del anterior unos 35 m. y tiene obstruido su espacio frontal por una mole desplomada. La longitud aproximada de su cornisa es de 7,4 m., 3,5 m. de fondo y altura máxima en vertical de 2,5 m. (Fig. 4).
Fig.4: Perfil del abrigo nº2  

El entorno arqueológico más próximo nos resulta desconocido, a pesar de la reciente campaña de prospección llevada a cabo. No se localizaron yacimientos muestra de otros ciclos pictóricos ni otros cuyos materiales indicaran lugares de habitación o funerarios adscribibles a etapas prehistóricas concretas. La excepción vino dada por el hallazgo de un pequeño conjunto de materiales que afloraron en una galería próxima al primer abrigo (dos fragmentos informes de cerámica a mano lisa, de cocción reductora, cuatro lascas de sílex alóctono y dos fragmentos de cantos rodados). Su detección se debió al arrastre del sedimento acumulado por las lluvias otoñales sobre el supuesto suelo originario conservado en algunas zonas de la roca base (Fig. 5).

Dicho material será tratado en la futura monografía que mencionamos en apartados precedentes; en principio, no parece aportar datos culturales concluyentes, aunque permite suponer la existencia de más restos muebles recuperables si se llevara a cabo la limpieza y reconocimiento exhaustivos de las galerías próximas que presentan ciertas acumulación de arenas.

 
Fig.5: Siguiendo el abrigo nº1 hacia el W, se localiza la entrada a esta oquedad, en donde hallamos el único material arqueolológico mueble de los alrededores.

DESCRIPCION DE PANELES

INTRODUCCION

Acometemos el pequeño catálogo de representaciones siguiendo la norma generalizada de tratamiento (de izquierda a derecha y de arriba a abajo), refiriendo su situación en la pared y vinculándola a las ilustraciones comprendidas en el presente trabajo.

Ante la imposibilidad de aislar interpretativamente escenas o grupos, hemos decidido individualizar motivos pictóricos que se numeran correlativamente.

La descripción de los tipos ha sido abordada partiendo del aspecto formal de las representaciones e intentando aplicar, a pesar de los proble­mas que conlleva, la tipología elaborada por P. Acosta que J. Bécares adapta y amplía (ACOSTA, 1968), (ACOSTA, 1983: 17-25), (BECARES, 1983: 141-143, 146-148) y, en otros casos, las orientaciones identificativas de diferentes autores.
Optamos por ensayar esta segunda opción, y asumir el riesgo de subjetivismo que pudiera suponer interpretar «a priori» y aisladamente cada figura (CABALLERO, 1983: 286-ss.), al entender que así reunimos más información aplicable al análisis del yacimiento.

Las figuras que se corresponden con el texto han sido elaboradas a partir de levantamientos «in situ» y calcos indirectos mediante fotografías convencionales. No obstante, la realización seriada de mosaicos fotográficos .de mayor definición y la próxima aplicación de nuevas tecnologías, ampliarán las posibilidades de identificación de motivos, técnicas de aplicación y la comprensión del enclave en sí, tras acumular más datos que nos aproximen al conocimiento histórico-arqueológico de las pinturas.

Entiéndase, por tanto, la documentación gráfica no como un material definitivo sino como un anticipo del estudio sobre el registro arqueológico.

El código de símbolos y tramas empleado en las Figs. 6-11 se compone de:

- Punteado denso para los motivos de coloración rojiza con trazos bien definidos y disperso, para los difusos.
- Trama negra lisa que corresponde a los pintados en ese color y negra rayada irregularmente, a los desvaídos.
- Línea continua de lascado de la superficie externa de granito.
- Flechas en los paneles del primer abrigo, que indican la dirección en que se extienden los motivos del grupo complementario.
- Numeración correlativa de diseños.
- Escala gráfica en cm.

DESCRIPCION

Primer Abrigo

El panel decorado se compone de un total de veinte motivos distinguibles, desarrollados desde el centro de la pared hacia el Este, sobre una superficie de 2,4 m X 0,8 m., con inicio a 1,2 m. de distancia del tope superior de la cornisa.

Visualmente, queda dividido en dos sectores (que denominamos 1A y 1B) debido al deterioro y pérdida de parte del frontal presumiblemente pintado; la zona libre de decoración entre ambos, coincide con las últimas capas de granito perdidas que, aún hoy continúan deteriorándose. Se extienden por una superficie aproximada de 1,1 m X 0,8 m. cada uno, separados por una distancia mínima de 23 cm.
Se conjugan dos colores: el rojo como predominante, con distintos 14 grados de intensidad y el negro, aplicado únicamente al motivo n.° 7.


EL SECTOR
1A (Fig. 6) presenta los siguientes motivos:

Fig. 6: Distribución general de motivos en el panel 1A. Primer abrigo.

 

1:   Figura compuesta, por una línea vertical con remate superior triangular y seis horizontales, erosionada la inferior, perpendiculares a aquélla. Un pequeño trazo diagonal parte de la primera barra izquierda. Ramiforme típico (BECARES, 1983: 143, 147) y posible figura humana por su similitud con la n.° 4 del conjunto de El Aguila, Barranco del Duratón, Segovia y con el n.° 24, armado o portador de otros objetos (LUCAS,. 1981a: 519, 520). (Fig. 7).

Fig. 7: Detalle de los motivos nº1 y 2, panel  1A

 Fig. 8: Detalle de los motivos n."' 6-8, panel IA

2:   Grupo de barras dispuestas en vertical, que sugieren una conformación membrada. Se distinguen seis de dimensiones similares y con extremos ensanchados; a su izquierda se suceden cinco barras asociables a éste o al anterior dibujo.
Posible figura humana asimilable a la n.° 1 de El Águila (LUCAS, 1981a: 519-520) y a los antropomorfos 2, 1 y 7 de los conjuntos 13, 17 y 18, respectivamente de Peña Mingubela, Ojos Albos, Ávila (GONZALEZ-TABLAS, 1980: 51-54). (Fig. 7).

3:   Barra vertical cruzada por seis horizontales, asimétricas, exfoliada la inferior. Se sitúa a '17 cm del n.° 1, por debajo de los motivos anteriores. Interpretada como un ramiforme abeto (BECARES, 1983: 143,

4:  4 cm. a la derecha del anterior se desarrolla una mancha informe y desvaída, de dimensiones variables que se extiende cori tendencia horizontal, prolongándose hasta el motivo n.° 8.

5:   Dos puntuaciones, bien diferenciadas, próximas a la parte central de la mancha anterior; quizá formaran parte de ella.

6:  Barra vertical Bajo el n.° 3, localizado a 31 cm., se distingue una figura sinuosa, con ocho vacíos interiores simétricamente dispuestos entre sus trazos. Un apéndice oblicuo prolonga el semióvalo superior izquierdo. Posible antropomorfo asimilable a los de brazos en asa (BECARES, 1983: 143, 146), con mayor número de huecos que el tipo. Se asemeja a nume­rosas representaciones esquemáticas antropomorfas con brazos en jarras y armadas de Peña Mingubela: conjunto 5, figura 7; conjunto 10, figura 1; conjunto 20, figura 6; conjunto 25, figura 1 y conjunto 28, figuras 1 y 2 (GONZALEZ-TABLAS, 1980: 46-58).
La compartimentación interior inclina a relacionarlo, por otro lado, con tectiformes como el n.° 2 del Murallón del Puntal, Valonsadero, Soria (GOMEZ-BARRERA, 1982: 118, 119) o con algún tipo de ramiforme plurianulado (BECARES, 1983: 143, 147). Su identificación resulta controvertida, de acuerdo con la bibliografía que manejamos. (Fig. 8).

7:  Superpuestas a los motivos 6, 8 y zona inferior del n.° 4 se suceden en disposición radial cuatro alineaciones de puntos (BECARES, 1983: 143, 148), plasmadas en negro que, presumiblemente, convergen en el extremo inferior izquierdo, oculto por una concreción salina. Constan, respectivamente de 16, 19, 5 y 6 puntuaciones visibles cada línea, con diámetros similares y diferente grado de adherencia sobre las figuras que cubren parcialmente. (Fig. 8).

8:   Junto al flanco derecho del motivo n.º 6 se distribuye este dibujo que podría formar parte tanto de aquél como del n.° 4. Tres trazos continuos, dos de ellos con tendencia oblicua son cruzados por uno perpendicular; la zona inferior está atacada por la erosión. (Fig. 8).

9:   Dos puntos enmarcan una barra horizontal; bajo ella, paralelamente, se distingue otra línea menos definida y. alterada en su extremo izquierdo.

10:  Delimitadas por la línea de lascado ascendente del granito, se sitúan dos manchas irregulares e ilegibles de tendencia vertical, separadas por un espacio intermedio de 8cm. Esta separación podría ser artificial, tratándose entonces de un solo elemento.

EL SECTOR 1B (Fig. 9):


Fig. 9: Distribución general de motivos en el panel 1B

 

11:  La superficie de roca perdida condiciona la zona izquierda del motivo y del n." 13. Se observan restos de un óvalo con tres pequeñas líneas, dispuestas radialmente, en su extremo derecho. Bajo él, interrumpida por la exfoliación, se localiza una mancha de similares dimensiones y coloración, más intensa en su parte superior, que podría participar de la misma representación.

12:  Mancha desvaída de tendencia ovalada, situado bajo el motivo anterior.

13:  Figura ovalada con estrechamiento en zona central y pequeñas barras que limitan sus extremos, cinco alineadas en el superior y tres convergentes en el inferior. A su derecha, dos barras horizontales interrumpidas.
Su afinamiento central haría posible asimilarla a alguna clase de ídolo halteriforme, sin confirmar por el precario estado de conservación de los restos (BECARES, 1983: 143, 147).

14:  Mancha difusa de tendencia horizontal limitada por la línea de lascado.

15:  Dos semicírculos apuntados y encajados, con vértice en la parte su­perior. Incluible dentro de los motivos geométricos en V (HERNANDEZ, 1988: 293) o líneas curvas n.° 75 de La Molinilla, Barranco del Duratón, Segovia (LUCAS, 1981A: 523-524). (Fig. 10).

16:   Pequeñas puntuaciones y manchas indeterminadas, muy alteradas.

17:  Línea horizontal con indicación de pequeños apéndices perpendiculares, que se unen a una barra oblicua desvaída. Podría relacionarse con la representación de algún cuadrúpedo (ACOSTA, 1983: 20, 21).

18:  Motivo de tendencia cuadrangular, con vació central que presenta restos de cuatro líneas a su derecha, dos de ellas de trazo en S.

19:   Posiblemente relacionado con el anterior se distingue una figura aproximadamente circular, sinuosa y con diez apéndices de distintas dimensiones, distribuidos con tendencia radial.
Identificable como un esteliforme un tanto irregular (ACOSTA, 1983: 23). (Fig. 10).


Fig. 10: Detalle de los motivos n." 15-19, panel 1B

 

20:  Barra horizontal desdibujada que se une a un remate casi triangular, más nítido. Junto a su extremo derecho se observa una puntuación muy alterada.

Segundo Abrigo


El panel se desarrolla hacia la zona central de la pared y abarca un espacio de 0,9 m. X 0,5 m.; el primer motivo inferior se sitúa a 1,5 m. de la base de la roca.
Extendido en vertical sobre una franja marcada por las filtraciones del agua y otros agentes erosivos, presenta problemas para confirmar su relativa antigüedad.

El número de figuras es menor que en el caso precedente; de entre ellas, las n." 1 y 4 presentan una variedad de color rojo vinoso sobre rojo anaranjado, mientras que las n.° 2 y 3, deficientemente conservadas, muestran únicamente el último. En torno a las pinturas se observan numerosos grafitos actuales.

Distribución de los motivos (Fig. 11):

  1. Figura radiada ovalada con catorce apéndices que aumentan su grosor y grado de alteración en los cinco inferiores, por rotura de la superficie. Todos los radios se distribuyen en torno a una puntuación central. Lo interpretamos como un esteliforme de tipo soliforme (BECARES, 1983: 143, 147).
  2. En el ángulo inferior izquierdo existe una mancha arriñonada, visiblemente alterada.
  3. A unos 18 cm. por debajo del motivo 1 se distingue un conjunto de tres manchas difuminadas, que podría conformar otra figura de tendencia radial con seis apéndices irregulares.
  4. Grupo de cuatro barras paralelas horizontales y bien definidas (BE­CARES, 1983: 143, 148); sobre ellas todavía se distinguen restos de pintura perteneciente a algún otro motivo perdido


Fig. 11: Distribución general de motivos en el panel 2. Segundo abrigo

 

TECNICA, APLICACION Y COLORIDO

Los abrigos de La Enfermería presentan en sus paneles la misma técnica pictórica: tintas planas y trazos continuos de dimensiones variables, que se emplean indistintamente e, incluso, combinadas (ACOSTA, 1983: 14).

El color rojo, en diferentes gamas e intensidades, se convierte en predominante y el negro es aplicado, excepcionalmente, en el motivo n.° 7 del panel 1A.

La tonalidad roja anaranjada es relativamente uniforme en el panel 1A, mientras que en el 1B se muestra más oscura e intensa en los motivos n° 11 y 13, manteniendo la del primero en el resto de las figuras.

En los motivos nº 1 y 4 del segundo panel se aprecia un rojo vinoso, relacionado con otra gama cromática, sobre el rojo anaranjado descrito. Las mencionadas figuras parecen estar repintadas en momentos pos­teriores, siguiendo el diseño del dibujo que cubren e, incluso, reintegran, tal y como se observa en la aplicación del color sobre uno de los radios del motivo esteliforme. Los n.º 2 y 3, carentes de repintes, presentan un tono anaranjado similar. al del abrigo anterior.

Considerando, a priori, que el hombre utiliza colorantes hallados próximos a él en formas naturales, nos inclinamos a suponer el uso de pigmentos minerales para conseguir los de La Enfermería, que, con toda seguridad, difieren en su aspecto actual del matiz cromático original, debido a la actuación de agentes físicos, biológicos y químicos (SANCHEZ, 1983: 246). Será preciso indagar sobre los yacimientos o afloramientos de mi­nerales que pudieran corresponderle, a fin de comprobar hipótesis.

Aunque la analítica de pintura y sustrato se aplicará en el posterior estudio, podemos intuir el aprovechamiento de óxidos de manganeso para obtener el pigmento negro y de minerales de hierro, tipo hematites, para los ocres rojos, circunstancia comprobada en enclaves arqueológicos de si­milares características. Resultaría demasiado aventurado suponer qué tipo de vehículo aglutinante emplearon (SÁNCHEZ, 1983: 249-251).

La aplicación más evidente es la desarrollada en el n.° 7 del panel 1A, en donde pueden seguirse las huellas de las yemas de los dedos que sirvieron al artista para realizar diversas líneas de puntuaciones, Varillas, pinceles de plumas, pelo, fibra vegetales y cañas o huesos huecos a través de los que insuflar el colorante, se manejan, entre otros, como hipotéticos instrumentos de trabajo (SANCHEZ, 1983: 252). Ignoramos si existió una preparación de la roca antes de su decoración, como se interpreta en algunos yacimientos de la vertiente septentrional de Sierra Morena (CABALLERO, 1983: 513).

El único caso de superposición que conservamos lo constituye el referido motivo en negro del primer panel, que dispone cuatro líneas de puntos sobre el posible antropomorfo n.º 6 y las figuras n.º 4 y 8, sin respetar sus diseños. Se observa cómo la coloración aplicada en segundo término está adherida de manera más sólida a la roca que a los trazos del motivo n.º 6, cuya textura posiblemente provocó que el colorante escurriera.

Ello implica una persistencia de representaciones y, al menos, dos momentos en la ejecución de las pinturas, cuya intencionalidad y lapso de tiempo intermedio desconocemos.

En cuanto a la elección del soporte, es obvio que aprovecharon las paredes de superficie útil, levemente protegidas de los agentes atmosféricos; sus pinturas han llegado a nosotros trazadas en la zona central de los paneles, suficientemente alejadas del suelo y del límite superior de la cornisa. El beneficio de accidentes naturales de la roca para desarrollar mis composiciones, resulta, en este caso, inapreciable.

Por último, conviene mencionar el reducido tamaño de los motivos, que no sobrepasa, en general, los 30 cm. de altura, excepto el n.° 13 que alcanza los 40 cm. y una línea de puntuaciones del motivo n.° 7 que llega a los 60 cm., ambos en el panel primero. Los n.°' 1, 2, 6, 8 y 19 del primer abrigo y el n.° 1 del segundo, susceptibles de ser identificados con las tipologías disponibles, presentan unas dimensiones similares, en consonancia con las generalizables para las representaciones esquemáticas de la Península Ibérica, entre 20-30 cm. (ACOSTA, 1983: 15).

ESTADO DE DETERIORO

La perduración de las manifestaciones pictóricas parietales depende tanto de las características del soporte y colorante utilizados como de los agentes externos que inciden sobre aquéllas, directa o indirectamente.

Los índices de porosidad de la roca base, menores en el granito que en cuarcitas y calizas y el grado de adherencia de los pigmentos determinan el envejecimiento de ambos. Tal condición hace más aptos a los granitoides para el grabado y técnicas similares y a las calizas para la pintura (LUCAS, 1981, b: 696).

Junto a ellos, la menor o mayor disolución del colorante, la fosilización de pigmentos y los agentes químicos, físicos y biológicos se convierten en responsables del aspecto actual de los paneles.

En La Enfermería, como en otros yacimientos a la intemperie, los daños se derivan de la orientación de los abrigos en función de los agentes atmosféricos (sol, vientos dominantes, cambios de temperatura estacionales y diarios) y de las características propias del granito que favorecen su exfoliación por gelifracción. Se aprecia la ausencia de figuras en áreas alteradas que han perdido capas externas de hasta 25 mm. de grosor, potenciado el proceso por la acción destructiva de la humedad y de musgos, líquenes y algas (motivos n.°' 1, 8 y 10 del panel 1A; n.°' 11, 13 y 20 del 1B y n.°' 1 y 4 del 2).

El grado de humedad ambiental en un clima benigno, favorece la precipitación de las sales que lleva el agua en disolución cuando es filtrada por capilaridad o discurre por la pared de los abrigos, en determinadas épocas del año. El problema se evidencia en los márgenes superiores del panel 1A, en donde cubre parte de las figuras n.°' 6 y 7. La mecánica descrita, lejos de estabilizarse, sigue amenazando la continuidad del enclave arqueológico.

Pero, sin duda, el mayor riesgo que soporta el conjunto se deriva de su fácil accesibilidad (MERINO, JORDA, 1987: 120) y ubicación próxima a un camping, que incrementa las probabilidades de visita y, por consiguiente, de agresión a manos de desaprensivos que ya han dejado huella con numerosas pintadas en torno al abrigo n.° 2.

La negativa acción antrópica se manifiesta también en el aprovechamiento de abrigos cercanos empleados como refugios o rediles para el ganado. Las hogueras encendidas en estos recintos han quemado y enne­grecido las paredes, restándonos posibilidades en la búsqueda de nuevas manifestaciones plásticas (BELTRAN, 1987-88: 63-70).

Aunque, por el momento, la modificación de los lisos del suelo no ha conllevado una contaminación ambiental preocupante, la explotación de la masa rocosa en canteras hace peligrar la preservación del yacimiento, según los indicios de desmontes intermitentes constatados por P. Madoz a mediados de la pasada centuria (MADOZ, 1849: 760).

Urge, por tanto, la conservación de La Enfermería de la manera menos agresiva posible para su entorno natural, dentro de planteamientos generales de actuación para el conjunto de manifestaciones rupestres de la Meseta y de la Península Ibérica.


REFLEXIONES FINALES. MANIFESTACIONES ARTISTICAS PARIETALES EN MADRID

En los apartados precedentes se introducen los temas que referimos a continuación e incluyen las características de La Enfermería dentro de las generalizables para la pintura esquemática del interior peninsular.

De entrada, varias razones condicionan los resultados obtenidos en esta primera fase de estudio:

- La difícil identificación de los motivos pictóricos; nos encontramos a la espera de aplicar medios de registro fotográfico más sensible que, junto con una deseable restauración de los paneles principales consiga la mejor apreciación de los diseños.
- La ausencia de material estratificado o de superficie, que nos centre cronológicamente el yacimiento.
- El desconocimiento de otras estaciones rupestres en el valle del Alberche y la publicación de las descubiertas en la Comunidad, a fin de relacionar y comparar yacimientos en ámbitos similares.
- Y, por último, la naturaleza preliminar del presente avance.

En los referente a su ubicación, el emplazamiento a media ladera sobre la masa rocosa, hace visible el extremo superior del peñón desde los montes circundantes (cerro de Valdenoches, de las Múas, Aguaenfría, entre otros). Tal idea se reafirma teniendo en cuenta que el porte del actual arbolado de repoblación, mayor que el de la vegetación originaria, permite divisar el conjunto, posible lugar de referencia para los grupos que poblaran el valle.

La existencia de abrigos situados en lugares prominentes, ha sido ya constatada en la Meseta (GOMEZ-BARRERA, 1982: 237) y se complementaría con la probable sacralización de enclaves cultuales antiguos durante siglos posteriores; Jordá y Grande del Brío confieren carácter de santuario a los enclaves de Las Batuecas y Belén, próximos a un convento de Carmelitas Descalzas y al de Basilios, respectivamente (GRANDE DEL BRIO, 1987: 124, 125).

Siguiendo esta línea, sería conveniente, como hipótesis de trabajo, preguntarse por la conexión con el monasterio cirsterciense de Santa María de Valdeiglesias, situado en la ladera del monte San Esteban, a 1 km. de distancia de las pinturas rupestres e indagar acerca de la ubicación de los antiguos eremitorios dispersos por el valle. Fueron siete, antes de agruparse en el primitivo monasterio, fundado hacia el siglo XII y, según las Fuentes, se encontraban bajo la advocación de San Juan Baustista, San Esteban, Santa María Magdalena; San Miguel, Santa Cruz, San Pablo y San Pelayo.

El valle del Alberche y sus alrededores constituyen un camino na­tural de comunicación entre las dos Mesetas, seguido desde épocas remotas y responsable de contactos culturales múltiples, característica de la que participan, por su localización, nuestros abrigos, al igual que otros muchos postpaleolíticos (CABALLERO, 1983: 512). No constituyen lugares inaccesibles y disponen de espacio aprovechable, a pesar de las variaciones que haya sufrido la topografía del terreno a lo largo de los siglos (GOMEZ­BARRERA, 1982: 238).

Las amplias extensiones de monte y los sobrados recursos hídricos (río y fuentes cercanas) implican un aprovechamiento primario positivo y la existencia de recursos alimenticios y económicos imprescindibles en cualquier patrón de asentamiento (pesca, caza, recolección de frutos silvestres, recogida de leña, resina, carboneo,...) además de la dedicación de pequeñas vegas a cultivos pastizales.

Tales recursos fueron explotados sistemáticamente por los habitantes del valle hasta hace veinticinco años, momento de expansión turística en que se amplía la relación con la capital a través del auge de la construcción y sector servicios, para atender las demandas de las segundas residencias. La zona se convierte en reducto de ocio alrededor de los pantanos de Picadas y San Juan, creados en 1952 y 1955, respectivamente, modificándose la estructura productiva de estos pueblos y las ocupaciones de sus moradores.

Desconocemos la existencia de yacimientos metalíferos próximos y la única extracción de subsuelo documentada es la de granito. No obstante, un estudio detallado de las minas situadas en nuestra provincia y limítrofes, especialmente la de Toledo, proporcionará un panorama de usos económicos más completo.

El conjunto, por su emplazamiento, estilo, técnica, colorido y temática de las pinturas no difiere del que presentan numerosos yacimientos de la Meseta (provincias de Avila, Zamora, León, Salamanca, Soria, Segovia, Madrid, Guadalajara, Cuenca y Ciudad Real) (BECARES, 1987: 90-95).

La elección del soporte granítico fue considerada, en un principio como un hecho excepcional, ya que la mayor cantidad de hallazgos pictóricos se había producido en zonas cuarcíticas y calizas, mientras que en las graníticas solamente se documentaban muestras de grabado.

Los últimos hallazgos en la provincia de Madrid y otros inéditos en la de Salamanca y Zamora indican el uso repetido del granito y prueban, una vez más, la adaptación cultural a las posibilidades geológicas que ofrece el entorno (LUCAS, 1991: 10).

En las inmediaciones del Sistema Central, condicionados por su composición granítica se han localizado los yacimientos de El Canto de la Cueva, Torrelodones y el de la Sierra de los Porrones, Manzanares El Real. El abrigo de El Pontón de la Oliva y la cueva de El Reguerillo, ambos sitos en Patones, junto al límite con Guadalajara, utilizan la caliza por roca soporte (Fig. 12).

Como ya mencionamos, hasta hace dos años, las únicas muestras de arte rupestre prehistórico madrileño eran los grabados del El Regerillo descubiertos a principios de siglo (BREUIL, 1920) y fechados en el Mag­daleniense Superior o en el Final, según autores (BECARES, 1987: 86-90).

En el mismo sector se ubica el abrigo de El Pontón, que presenta motivos geométricos pintados en rojo sobre una oquedad caliza de difícil acceso, sin depósito arqueológico asociado.

Diseños geométricos y antropomórficos monócromos se distinguen en los abrigos de la Sierra de los Porrones, yacimiento de cuyo estudio se esperan resultados concluyentes por encontrarse asociado, probablemente a un yacimiento prehistórico y a una zona de aprovisionamiento de materias primas.

El Canto de la Cueva es un pequeño hipogeo granítico en cuyas paredes se han conservado representaciones pictóricas de fauna y figura humana, en rojo; tampoco conserva material estratificado. Dentro del plan de Inventario de Arte Rupestre, iniciado por la Consejería de Cultura de la C.A.M., se le han aplicado técnicas. de análisis que confirman la existencia de estratigrafías cromáticas y adelantan valiosa información sobre modos de aplicación de colorante, su comportamiento y otras cuestiones (LUCAS, 1991).

Como puede observarse, únicamente se ha publicado un adelanto del yacimiento de Torrelodones, de un total de cuatro, incluida La Enfermería, con pintura rupestre esquemática hallados en Madrid. La información acerca de los demás queda recogida en este trabajo o ha sido facilitada oralmente por los técnicos arqueólogos responsables.

En base al colorido, no podemos extraer deducciones tendentes al establecimiento de cronologías cromáticas, aplicadas por H. Breuil a la pintura esquemática y Arte Levantino e inaceptables hoy en día (CABALLERO, 1983: 513), (VV. AA., 1984: 11), (GOMEZ-BARRERA, 1982: 241), ya que cambio de color ,no implica cambio de fase, en todos los casos (SECARES, 1983: 141). Ni tampoco comprender su valor simbólico, partiendo de que la utilización del color se encuentra muy mediatizada por la Naturaleza (SÁNCHEZ, 1983: 245, 252).

Las variaciones en la apariencia actual de las pinturas, derivadas del grado de humedad ambiental durante las estaciones del año y la sujetiva valoración de quien las registra, condicionan este tipo de datos (CABALLERO, 1983: 514).

La persistencia de representaciones viene indicada por superposiciones y repintes, interesantes en la faceta temporal de la manifestación (GRAN­DE DEL BRIO, 1987: 126).

El color rojo predominante y el negro, poco frecuente, se superponen en el primer abrigo del: yacimiento. Las concretas puntuaciones en negro del motivo n.° 7, son dibujadas sobre los n.º 4, 6 y 8 y discurren hacia el margen inferior izquierdo del panel 1A, cubierto por concreciones. (Fig. 8).

Estimamos esta apreciación de vital importancia, ya que las alinea­ciones de puntos invalidan a las figuras que cubren, deduciéndose una pérdida de valor de estas últimas. Mientras lo representado en el primer panel puede considerarse homogéneo para sus características formales físicas y, presumiblemente temporales, el motivo a.° 7 ha de pertenecer a otra fase, sin que podamos concretar la evolución entre una y otras figuras (BECARES, 1983: 141).

La aplicación del colorante en el motivo esteliforme n.º 1 y grupo de barras n.º 4 del segundo panel, se vale de dos gamas de rojo en la misma representación (vinoso sobre anaranjado) (Fig.- 11). Tal dato se interpreta como repinte o retoque posterior sobre figuras que se respetan y pretenden reavivar (ACOSTA, 1983: 15).

El estilo predominante en las pinturas de La Enfermería es esquemático, sin que implique deducciones evolutivas (CABALLERO, 1983: 514), ya que «el esquematismo no es patrimonio de ninguna etapa cronológica del arte rupestre prehistórico» (BELTRAN, 1975-76: 5).

Estimaciones sobre la composición y asociación de figuras en escenas, sentido simbólico e intencionalidad quedan lejos de nuestras posibilidades.

La relación del Arte Esquemático con los recintos sagrados en donde se practicaran diversas ceremonias, ha sido mantenida por investigadores como Obermaier, Breuil, Cabré y Hernández Pacheco, entre otros. P. Acosta, entiende el sentido religioso de las manifestaciones como parte integrante, pero sin que suponga un único determinante, además de valorar las composiciones, con Almagro Basch y Pericot (1950: 51), como una escritura pictográfica (ACOSTA, 1968: 187, 188).

La incierta identificación de los motivos de La Enfermería, dificultan cualquier deseo de «traducción» del mensaje artístico. De los veinte motivos del primer panel logramos identificar, sin dudas, cinco, existiendo nueve reconocidos; en el segundo, de cuatro figuras se leen claramente dos.
Por otro lado, la reiterada representación de conjuntos de barras, puntos, esteliformes y demás motivos geométricos, se sucede desde el Paleolítico Superior (LUCAS, 1981a: 523), distribuidos por toda la Península Ibérica.

Hasta que no conozcamos los asentamientos prehistóricos de la zona y , podamos establecer paralelismos a través de material mueble específico, resulta aventurado hacer precisiones cronológicas más allá del laxo encuadre postpaleolítico.

Los márgenes aceptados para fechar .el Arte Rupestre Esquemático en la Meseta, se sitúan entre el Neolítico Final y la Edad del Hierro, viviendo su momento de apogeo durante el Calcolítico (BECARES, 1987: 92), teoría que mantienen para las representaciones ibéricas Beltrán (1983: 37), Jordá (1983: 7) y Ripoll (1983: 35), entre otros. Para la zona oriental y meridional de la Península los momentos finales se intuyen durante la Edad del Bronce (HERNANDEZ, 1987: 85), (CABALLERO, 1983: 519), (CARRASCO; PASTOR, 1983: 176, 177).

Por último, opinamos que la conservación y preservación de los yacimientos rupestres se centra en el estudio y protección previos a su difusión (LUCAS, 1981b: 699).

Y dicha protección habrá de basarse en la documentación exhaustiva de cada enclave, debidamente publicado (BELTRAN, 1977-78: 75) que, junto con el conocimiento profundo del medio geográfico y su posible aprovechamiento, permitirá abordar análisis de captación de recursos, elaborar mapas de dispersión y frecuencia de manifestaciones, etcétera (CARRASCO; PASTOR, 1983: 176).

Sobre esta base podremos extraer conclusiones acerca del planteamiento mental y los horizontes culturales en que se desenvolvieron los artistas (ACOSTA, 1983: 13).

La visión de conjunto en la pintura rupestre esquemática permitirá ofrecer explicaciones válidas a su presencia en yacimientos como La Enfermería, dentro de un contexto, además de orientar acerca de la existencia de tradiciones y penetración de influjos culturales (LUCAS, 1971: 145) a la búsqueda de su significado (GRANDE DEL BRIO; GONZALEZ-TA­BLAS; 1983: 194).

Somos conscientes de que, al habernos incorporado tardíamente al grupo de provincias poseedoras de Arte Rupestre (Teruel, Castellón, Cantabria, Salamanca y otras, llevan décadas ocupándose del tema), los hallazgos de los últimos años «ponen sobre el tapete» una problemática distinta de análisis y preservación de materiales, a la que no estamos habituados.

Hasta el momento, en Madrid se ha prospectado un 22,9 % de su superficie total; si se mantuviera el carácter prioritario de la Carta Arqueológica, podrá finalizarse ésta en 1994 (VELASCO, 1991: 264, 272).
Todo parece indicar que, de las directrices de actuación asumidas por las autoridades competentes durante el presente lustro dependerá, en gran medida, la correcta gestión de esta parcela singular de nuestro Patrimonio Arqueológico.

Agradecimientos


A Rafael Barroso y J. Caries Alay, que disfrutaron el momento del descubrimiento.
A Rosario Lucas, por sus continuas orientaciones, información oral sobre los hallazgos de Patones y Torrelodones y, sobre todo, por el entusiasmo e interés demostrado.
A Margot González, por la ilusión depositada en nuestro trabajo. A Fernando Velasco, por facilitarnos datos acerca del yacimiento de Manzanares El Real.
A Amparo Martín, por su interés, apoyo y tiempo invertido en los múltiples calcos extraídos del yacimiento.
Y a Lupe Sanz y Pilar Jiménez, que han tenido la paciencia de mecanografiar el texto.

12: Mapa de dispersión: Yacimientos .con manifestaciones artísticas parietales en la provincia Madrid

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Resulta

Es imprescindible el respeto hacia el Patrimonio Cultural y los yacimientos arqueológicos, de manera que los visitantes no alteren ni destruyan tales vestigios.